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jueves, 3 de abril de 2014

Como si de un apestoso se tratase, todos huyen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo y...


Rajoy planta a Teodoro Obiang a última hora en la cena de Bruselas

Migue  González Bruselas 2 ABR 2014-21:17 CET 

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha decidido no acudir a la cena en Bruselas en la que estaba previsto que se sentara en la misma mesa que con Obiang, el dictador que desde 1979 gobierna con mano de hierro su única excolonia en el África subsahariana. Fuentes de Moncloa han explicado que la cena era un acto "protocolario, no de trabajo", y que el presidente español ha preferido retirarse a preparar las reuniones bilaterales que tiene previstas para este jueves con los jefes de Estado o de Gobierno de Mozambique, Tanzania, Malí y Madagascar. Rajoy saludó a Obiang en los márgenes de la cumbre.
Tal como adelantó EL PAÍS, La Moncloa había rechazado la petición de celebrar una entrevista bilateral, pero había accedido que ambos se sentaran juntos en la cena oficial. A su llegada a la cumbre, el propio Rajoy lo confirmó: “Estaré con el señor Obiang. No hay previsto un encuentro bilateral, pero creo que coincidiré con él en la cena, por tanto hablaré como hablo con cualquiera, como es mi obligación”. La Moncloa quiso restar trascendencia al hecho de que ambos cenaran juntos alegando que habían sido los servicios de protocolo de la UE los que habían distribuido a los comensales en base a sus “coincidencias idiomáticas”. Rajoy y Obiang son los únicos mandatarios asistentes a la cumbre que hablan español, pero en la misma mesa estaba previsto que se sentara el presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy.
Sin embargo, sorpresivamente, Rajoy abandonó la cumbre antes de comenzar la cena. Fuentes de Moncloa justificaron su espantada asegurando que no era una cena de trabajo sino puramente protocolaria, que el programa llevaba considerable retraso y que el presidente debía preparar las reuniones bilaterales de mañana. Eso sí, antes de marcharse Rajoy tuvo tiempo de saludar a Obiang y charlar con él.
Lo cierto es que a Rajoy no le gustó que Obiang atribuyera a la influencia del Rey la invitación para que pronunciara un discurso en la sede del Instituto Cervantes de Bruselas, el pasado martes. “No ha habido absolutamente nada por parte del Rey”, zanjó el asunto. En cualquier caso, el presidente regresó a su hotel a tiempo para ver el partido Real Madrid-Borussia Dortmund de la Champions League

miércoles, 2 de abril de 2014

Rajoy ofrece sentarse a cenar junto a Obiang tras rehusar entrevistarse con él

 
España mantiene una relación esquizofrénica con Teodoro Obiang, el dictador que desde 1979 gobierna con mano de hierro su única excolonia en el África subsahariana. Le invita al funeral de Adolfo Suárez, pero aclara que se trató de una invitación genérica a las autoridades del país y no personalmente dirigida a él; y evita además la difusión de imágenes del momento en que el Rey y Rajoy le saludaron a la entrada de La Almudena. Le cede la tribuna del Instituto Cervantes de Bruselas, pero subraya que la iniciativa partió de la embajada ecuatoguineana en la capital belga y la Casa del Rey se apresura a negar que don Juan Carlos influyera para abrirle las puertas de la primera institución cultural española. Pero ha sido La Moncloa la que ha rizado el rizo en esta política de abrazar al autócrata, pero no mucho y, sobre todo, sin que se note.
 
Según fuentes comunitarias, Obiang pidió una entrevista con Rajoy aprovechando la coincidencia de ambos en la cumbre Unión Europea-África que se celebra el miércoles y jueves en Bruselas. La Moncloa rehusó la cita, pero ofreció una alternativa. Rajoy y Obiang podrían sentarse uno al lado del otro en la cena que celebran este miércoles los más de 80 mandatarios europeos y africanos, así como representantes de organismos internacionales, que asisten a la cumbre.
 
Ambos hablan castellano y no tendrán problemas para entenderse y la duración de la cena será sensiblemente superior a la que hubiera tenido una entrevista bilateral. Para hacer posible que se sienten juntos habrá que alterar el orden de colocación de los comensales; ya que a Rajoy, representante de España, le correspondía por orden alfabético sentarse entre sus homólogos de Eritrea y Etiopía.
 
Los recelos de Rajoy ante el nuevo ímpetu proespañol de Obiang están más que justificados. Los sucesivos gobiernos españoles han salido trasquilados cada vez que han intentado aproximarse a Obiang. Sus promesas de dar a las empresas españolas una porción del pastel del petróleo nunca se han traducido en hechos. Al contrario, los empresarios que se han aventurado a hacer negocios en Guinea Ecuatorial han denunciado el chantaje y la extorsión de sus socios locales (la mayoría de las veces familiares de Obiang), con la complicidad del régimen. Respecto a las promesas de apertura democrática, siempre acaban desmentidas por los hechos.
 
El último ejemplo ha sido la moratoria en la aplicación de la pena capital, a la que Obiang se comprometió en febrero pasado para ser admitido en la lusofonía (la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa). Amnistía Internacional ha denunciado que pocas semanas antes entre cuatro y nueve presos fueron ejecutados. Su sospecha es que Obiang solo aceptó la moratoria tras liquidar a todos los presos condenados a muerte.
 
Fuentes diplomáticas dudan de la sinceridad de la hispanofilia de Obiang y creen que más bien responde, como su acercamiento a Portugal (con el pretexto de que en la isla de Annobón se habla el criollo portugués), a su necesidad de legitimación internacional tras los problemas judiciales de su hijo y sucesor, Teodorín, en Francia y EE UU. Por eso Obiang busca tanto la foto de la que Rajoy huye.
 

martes, 1 de abril de 2014

Obiang ensombrece el funeral de Suárez

 
El dictador guineano fue el único jefe de Estado extranjero presente en La Almudena

El Gobierno escondió su saludo con el Rey y Rajoy
El funeral de Estado por
Adolfo Suárez, un acto católico en la madrileña catedral de La Almudena, logró reunir a toda la política española, incluidos los 17 presidentes autonómicos, en una foto de unidad que culmina una semana en la que la muerte del expresidente ha marcado una especie de tregua política. Sin embargo, lo que debía ser un acto casi protocolario, sin mayor contenido político que esa esperada foto, se vio totalmente ensombrecido por el gran protagonista inesperado: Teodoro Obiang, el dictador guineano, el único jefe de Estado, con el Rey, presente en la catedral madrileña.
 
El Gobierno y la Casa del Rey trataron de restarle protagonismo a esta incómoda visita, y llevaron el momento crítico, en el que el Rey y Rajoy debían saludar a Obiang, a un lugar de la catedral apartado de las miradas de las cámaras, de la prensa y de los presentes en la ceremonia. El presidente, el Rey y Adolfo Suárez Illana, el hijo mayor del expresidente, se saludaron a la puerta de la catedral, a la vista de las cámaras. Y después entraron a reunirse con las demás autoridades y la familia Suárez, momento también recogido en imágenes. Pero entre uno y otro, en una antesala, el Rey y Rajoy saludaron casi a escondidas a todos los representantes extranjeros, con la clara intención de evitar las molestas imágenes con el dictador Obiang. Las cámaras de televisión no lo grabaron. Solo había allí fotógrafos oficiales, pero La Zarzuela y La Moncloa decidieron no hacer públicas esas fotos. En la catedral, Obiang estaba frente al Rey y Rajoy, pero a mucha distancia.
 
El Ejecutivo explica que no podía hacer nada para impedir esta presencia porque invitó a las embajadas de todos los países con los que hay relación —Guinea está entre ellos— y ellas decidieron qué representación enviar. Podía haberla vetado, pero habría supuesto una grave afrenta a un país en el que España ansía obtener importantes acuerdos económicos.
 
Obiang se plantó en Madrid, de camino a Bruselas, donde también generará polémica porque tiene prevista una conferencia en el Instituto Cervantes. Obiang tuvo además una relación conflictiva con Suárez, ya que el expresidente fue enviado por España en 1992 como mediador en Guinea para buscar una transición a la democracia, pero Obiang acabó vetando su entrada y destruyendo ese intento de apertura. Rajoy, pese a que en el pasado el PP fue muy beligerante contra Obiang y a favor de la oposición guineana, mantiene ahora una política con esta dictadura y con otras muy centrada en los intereses económicos de España. Son esos intereses los que le han llevado a modificar la legislación sobre justicia universal para satisfacer al Gobierno chino, por ejemplo.
 
La oposición rechazó con dureza la presencia del dictador guineano en el funeral de Estado por el primer presidente del Gobierno de la democracia recuperada. Todos sus portavoces la contrapusieron con el hecho de que el acto sea, precisamente, para homenajear a quien protagonizó la llegada a España de la democracia, tras 40 años de dictadura.

Para Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE en el Congreso, “sorprende mucho la invitación por parte del Gobierno y la presencia del dictador”.
 
Sin embargo, el Grupo Socialista no presentará ninguna iniciativa parlamentaria para exigir explicaciones al Gobierno por la presencia de Obiang.

Sí lo harán UPyD e Izquierda Unida en la próxima sesión plenaria del Congreso, ya que esta semana no hay pleno de la Cámara. “Al funeral de Suárez, el gran demócrata, viene el gran dictador”, resumió la diputada de UPyD, Irene Lozano. En su opinión, esta presencia sigue la lógica de la acción diplomática del actual Gobierno, que “antepone los intereses a los derechos humanos allí donde ve posibilidades de negocio”.
 
En esta línea, el diputado de IU Gaspar Llamazares habló de la “dictadura cleptómana” de Obiang. En su opinión, “mancha la figura de Adolfo Suárez y el propio acto de reconocimiento a un presidente democrático, y el Gobierno tenía que haber dicho que no” cuando la Embajada de Guinea Ecuatorial lo informó de su presencia.

domingo, 24 de marzo de 2013

Guinea Ecuatorial: La extorsión de los Obiang

Por: José María Irujo 24 MAR 2013


Verano de 2009. Ruslan Obiang Nsue acudió puntual a la cita con el empresario español en el vestíbulo del hotel Vincci Capitol, un cinco estrellas en el número 41 de la Gran Vía, en pleno corazón de Madrid. El hijo del presidente de Guinea Ecuatorial, consejero del ministro de Deportes y presidente del club de fútbol The Panthers, apareció embotado en un impecable traje y del brazo de una atractiva mujer. El emprendedor gallego, de 57 años, comprobó que la promesa de sus intermediarios era real, que los 200.000 euros de comisión que había pagado en España para hacer negocios con el hijo del dictador le habían conducido hasta este singular personaje. Cuando estampó su firma en los contratos para construir varios campos de fútbol en Malabo y Bata para la Copa de África en 2012 comenzó una aventura que no olvidará jamás. “Ves que te firma los contratos un hijo del presidente y te lo crees todo. No imaginas lo que te puede pasar. Tuvimos que salir por pies, temimos por nuestra vida”, confiesa ahora en su despacho de una localidad de Galicia.

Hacer negocios con el clan familiar que lidera Teodoro Obiang, que domina este país de unos 700.000 habitantes y 28.051 kilómetros cuadrados, es arriesgado. El pago de comisiones es obligado y las disputas comerciales, muchas veces ficticias, derivan en ocasiones en extorsión, amenazas y en la pérdida de la inversión para salvar la vida. Lo que empieza como un gran negocio plagado de oportunidades se convierte para algunos en un infierno. El Ministerio de Asuntos Exteriores acaba de colgar en su página web una “nota importante” en la que advierte que se están produciendo casos de empresarios españoles y extranjeros que no pueden abandonar la excolonia española (1778-1968) por desavenencias con sus socios locales. Se les requisa el pasaporte y se les impide salir del país hasta que no renuncian a sus propiedades. Esto último no lo explica la nota, pero es lo que está ocurriendo, según los testimonios recabados por EL PAÍS.

Roberto Cubría, de 45 años, ha sido la última víctima de este sistema corrupto que empapa hasta el último rincón de la Administración guineana. Ha permanecido 59 días refugiado en la Embajada española en Malabo. Dormía en un sofá y se duchaba en la piscina. La legación diplomática fue su único refugio para escapar de las presiones de Genoveva Andeme Obiang, otra hija del presidente, directora adjunta del Banco Central de África Occidental (BEAC), a la que había vendido las naves de su empresa Soluciones Modulares. Durante dos meses no salió solo a la calle por miedo a ser detenido. Le habían confiscado el pasaporte. Ha tenido que “regalar” 50.000 euros en materiales para lograr regresar a Valencia.

“Falló que no quisimos pagar más comisiones ilegales. ¿Qué quieres?, ¿que te denuncie por violación?, nos decían”

En Valencia precisamente vivió durante años Ruslan, el hijo de Obiang, el presidente del club The Panthers que sueña con dirigir la Federación Guineana de Fútbol, y de allí son los enlaces españoles que engatusaron al constructor gallego que aspiraba a levantar varios campos para la Copa de África. Una red en varias ciudades españolas que atraen emprendedores para invertir con la familia de Teodoro Obiang en la excolonia española que todavía conserva el secreto magnetismo que siglos atrás atrajo hasta sus playas y bosques a mercenarios, piratas y aventureros sin escrúpulos. Un país con ingentes reservas de petróleo —es el tercer productor africano después de Angola y Nigeria— donde la mayoría de sus habitantes tiene una esperanza de vida de 51 años, vive con menos de 200 euros mensuales y sufre la asfixiante dictadura de una casta gobernante cada vez más rica e influyente.

El emprendedor gallego confiesa su temor, pero acepta hablar si se garantiza su anonimato. “Ruslan firmó los contratos en Madrid. Teníamos la concesión, los proyectos, los presupuestos. Llevamos toda la maquinaria y el material. Invertimos más de 500.000 euros. El hijo del presidente nos envió unas cartas de recomendación en las que se decía que éramos empresarios de buena fe. Viajé a Malabo 11 veces, constituimos una sociedad con un testaferro del hijo del presidente y uno de nuestros socios se estableció allí para dirigir las obras. En el aeropuerto te das cuenta de que tienes que pagar por todo: al comisario para que te selle el pasaporte, al de seguridad nacional para el visado de salida, al fiscal general, al que tenían en nómina, para los permisos. Una cadena que no termina nunca. ¡Pero si no hemos empezado a trabajar!, les decía yo”.

Al empresario le recibió Emilio Oñebula, director general de Deportes, y le mostraron los planos del proyecto en el ministerio. La empresa gallega inició la fase de explanación. “Te lo ponen todo tan dulce que picas. Mientras les estás pagando no te dejan ni un minuto solo. Al principio pensé que era por educación, pero luego me di cuenta de que lo que quieren es controlarte para ver qué haces, con quién hablas. Si salías solo te echaban la gran bronca. Estábamos siempre vigilados”.

“El empresario gallego recibió una visita en su despacho. Y un mensaje claro: Cuidado con lo que habláis”

¿Qué falló para que la aventura empresarial que empezó en el hotel Vincci Continental terminara bruscamente en agosto de 2011? “Falló que no quisimos pagar más dinero (comisiones ilegales) a la gente de Ruslan. Te estrangulan económicamente y se buscan otro. Y se quedan con todo, con toda la inversión que has dejado allí. Al final, cuando nos oponíamos a algo te decían: ¿qué quieres, que te denuncie por violación? ¿Quieres ir a la cárcel? Nos lo dijeron muchas veces y tuvimos verdadero pánico. El socio que se estableció en Malabo se tuvo que marchar. Yo pensaba: pero ¿dónde nos hemos metido? ¿A quién reclamo? La corrupción es total, es brutal”.

En España, los intermediarios valencianos que vendían a Ruslan como el socio ideal para hacer negocios en Guinea Ecuatorial ofrecieron su diagnóstico al constructor: “Hiciste algo mal. Teníais que haberle pagado otros 100.000 euros más. No supisteis actuar”. “Cuando te vuelves habiéndolo perdido todo, estos intermediarios se esfuman y dejan de coger el teléfono. Luego supimos que no éramos los únicos estafados. Habíamos caído en una trampa”, afirma el constructor.

La aventura no terminó. El socio del constructor gallego, el hombre que se instaló en Malabo para construir campos de fútbol recibió una visita en su casa en Portugal. Durante cinco días dos hombres bien trajeados aguardaron su llegada en el interior de un coche. “Ojo con lo que hacéis”, le advirtieron. El inversor también tuvo una visita en su despacho profesional: “Cuidado con lo que habláis y lo que denunciáis”, le espetaron otros emisarios. Los dos tienen miedo.

La corrupción en el Gobierno de Teodoro Obiang es endémica y, según diversos testigos, los empresarios españoles la sufren hace décadas. Felipe Martín, un promotor y constructor de Masquefa, una localidad de unos 9.000 habitantes, a media hora en coche desde Barcelona, también perdió toda su inversión en su aventura guineana, más de 600.000 euros y dos años de viajes y trabajo. Su socio le convenció en 1995 para levantar un aserradero con naves de 25.000 metros cuadrados en Malabo. Una experiencia que este último, que pide se omita su identidad, quiere olvidar porque estuvo a punto de costarle la vida. Ignoraban que caerían en la red de Teodorín Obiang, de 42 años, el hijo preferido del dictador, vicepresidente segundo del Gobierno y futuro sucesor. La Justicia francesa acaba de dictar una orden de detención europea contra él por corrupción y le ha embargado su casa de 5.000 metros en el número 42 de la avenida Foch, en el barrio más exclusivo de París, valorada en 40 millones de euros, y una colección de coches de lujo.

Martín, de 52 años, y su socio, de 59, fueron algunos de los arriesgados pioneros españoles que a mediados de los años noventa se aventuraron a explotar los inmensos bosques de este extraordinario paraíso selvático. Entonces el negocio parecía redondo porque tenían clientes dispuestos a comprar toda su producción en España.

“Nos obligaron a tener de socio local al ministro de Bosques. Teodorín era entonces su consejero y ya estaba metido en el negocio de la madera. Mi socio trató con él y le dieron todas las facilidades, por supuesto después de pagar comisiones por todos lados. Nos cedieron un terreno de seis hectáreas a cuatro kilómetros de Malabo. Trasladamos la maquinaria: bulldozers, camiones, cortadoras, secadoras. Llevamos a cuatro técnicos para formar allí a los obreros guineanos, más de cuarenta hombres. Casi dos años de trabajo para levantar el aserradero y no pudimos exportar ni la primera remesa. Cuando estuvo el almacén lleno comenzaron los problemas, las pegas, la falta de permisos. No entendíamos nada. Logramos sacar cuatro contenedores sobornando a gente del puerto. A mi socio le dijeron que o se iba o le metían en la cárcel, pero decidió quedarse”, explica Martín en su despacho de Masquefa.

“Un inversor catalán acabó en la cárcel de Black Beach, sin comida, pisando sus heces y con malaria”

El reto del empresario catalán tuvo consecuencias. Una mañana se presentó la policía en su casa de Malabo, en la zona residencial donde vive la clase dominante del clan esangui, la que ocupa casi todos los puestos de la Administración, donde salía a cenar con Teodorín, y lo condujeron detenido hasta la siniestra prisión de Black Beach, al borde de la playa del mismo nombre, acusado de violación. Un burdo montaje, según asegura Felipe Martín. “La acusación era falsa y las condiciones de la prisión terribles: no le daban comida, dormía en el suelo, pisaba sus propias heces porque la celda no tenía baño, cogió la malaria con fiebre altísima y temblores. Pensó que moriría. Pidió irse dejándolo todo y salió por la frontera de Camerún donde estuvo varios meses recuperándose. Lo perdimos todo. Mi socio solo quiere olvidar”, recuerda Martín.

En 1998, cuando los dos empresarios españoles perdieron su aserradero, Teodorín Obiang informó al banco norteamericano Riggs que había creado una empresa llamada Somagui Forestal, según señala una reciente demanda presentada contra él por Jennifer Shasky, directora de la sección de Lavado de Dinero del Departamento de Justicia de EE UU. Ese mismo año fue nombrado ministro de Bosques, cargo que ha ocupado hasta hace un año. Con solo 24 años Teodorín ya disfrutaba de derechos de explotación en 88.000 acres de selva tropical. La Justicia norteamericana le acusa de enriquecerse mediante “ardides corruptos” y cobro de comisiones ilegales a numerosos empresarios. Y cita los casos de presunta extorsión a empresas como Isoroy (francesa), ABM (española) y Agroforestal (italiana), establecidas en Bata. “Amenazó y se vengó de las empresas madereras, entre ellas Isoroy y ABM que se negaron a aceptar sus exigencias de pago”, dice la demanda.

Antonio Cabanellas, de 55 años, fue jefe de obras de ABM entre 1995 y 1997, ahora reside en España y describe así a este periódico su relación con Teodorín: “Nos llamaba a su despacho y obligaba acudir con traje y corbata. Te hacía esperar cinco horas y aparecía en pantalón corto. Te decía: ‘quiero que me pagues tanto, tienes una semana para ingresar el dinero. Si no pagas te confiscamos la maquinaria pesada y le damos tu concesión a los chinos’. Tuvimos que salir por patas. Nos pedía millones. Solo se quedaban allí los que le pagaban. Su empresa Somagui Forestal era una tapadera”.

La investigación norteamericana concluye que la fortuna movida por el hijo de Obiang en Estados Unidos (una casa en Malibú, un avión privado y cuentas multimillonarias) procede de actividades delictivas y revela que el banco JP Morgan investigó en 2002 las actividades de Somagui Forestal y no logró acreditar su actividad. En la supuesta empresa no cogían ni el teléfono.

“Teodorín nos llamaba su despacho y nos decía: O pagas o le doy tu concesión de madera a los chinos”

“Somagui Forestal era una pantalla, una empresa ficticia, no tenía actividad, ni empleados. Se trataba de una sociedad del propio Teodorín a la que teníamos que pagar un impuesto revolucionario del 10% del valor de cada embarque. Si no pagabas no te dejaban exportar tu producción de madera. Pagué hasta que no pude más. Todos pagábamos, porque sin pagar no podías trabajar y tenías que cerrar”, afirma el empresario Germán Pedro Tomo, de 52 años, residente en España desde 2004 y exdiputado del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, el de Obiang.

El pasado mes de julio el funcionario de la División Criminal del Departamento de Justicia norteamericano Woo S. Lee. y Robert Manzanares, agente especial del Departamento de Investigación y Seguridad Nacional, interrogaron en secreto en Madrid a varios testigos y empresarios ecuatoguineanos y españoles. Buscaban relatos para sostener su acusación. Entre ellos estaba Tomo.

Jorge no facilita su apellido, pero confiesa que él y sus socios, uno de ellos vasco, han perdido más de dos millones de euros en maquinaria en la antigua colonia española. Según su relato, entre 2009 y 2011 llevaron media docena de empresas a Malabo y Bata. “Estuve en la casa de Teodorín en los Campos Elíseos. Trataba directamente con los empresarios y solo por sentarse frente a él había que pagar de 40.000 a 100.000 euros. Era lo que llaman el canon de intenciones. Pero cuando llevas la maquinaria empiezan los problemas. Te ponen toda clase de pegas para que te vayas y se quedan con todo. Si no aceptas, sabes que acabas en la cárcel de Black Beach. Luego celebran una junta y dicen que su socio español se ha marchado del país. La gente se va por miedo”. El empresario asegura que esto les ha pasado a muchos de los emprendedores que van allí. Y remata así: “Los que se quedan es porque se amoldan. Ya se imaginará usted a qué”.

La pasada semana, en un palacete en el número 4 de la madrileña calle de Manuel Silvela, sede de la Fiscalía Anticorrupción, el juez parisiense René Grouman, el hombre que ha dictado una orden de detención contra el hijo predilecto de Obiang, escuchó atento el testimonio de Gervais Maoukiki, director financiero de una de las empresas de madera presuntamente extorsionadas por Teodorín. Su relato coincide con el que Germán Pedro Tomo y otros empresarios españoles han facilitado en los últimos meses en otras discretas visitas al juez Grouman, a su colega Roger Loire y a fiscales franceses desplazados desde París. Sus declaraciones están grabadas en vídeo y se consideran de “extraordinaria” importancia para acusar de blanqueo de dinero al amo de la madera guineana. Helen Davo, jueza de enlace francesa, y el fiscal Luis del Río, que investiga a los Obiang en una causa por presunto blanqueo abierta en un juzgado de Las Palmas de Gran Canaria, presenciaron la declaración.

A Juan Colomer, empresario catalán de 77 años, el Gobierno guineano le confiscó su finca de cacao de 300 hectáreas a las afueras de Malabo. No ha logrado recuperarla y reconoce que no se atreve a volver. “Hay un vacío enorme de empresarios españoles porque la corrupción es total. O juegas a corromper o te juegas la piel”, concluye. Los departamentos de riesgo de las grandes compañías españolas vetan desde hace años los proyectos en el país de los Obiang, según señalan algunos de sus responsables. “No hay seguridad jurídica y nuestra presencia allí puede dañar la imagen de la compañía”, responde uno de ellos. Una portavoz de la CEOE asegura que los empresarios españoles ven en Guinea Ecuatorial, un país de oportunidades, pero siempre y cuando se garantice la seguridad jurídica.

Estas reticencias y temores no son unánimes. El exministro socialista de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos acaba de asistir como invitado al séptimo encuentro del denominado Movimiento de Amigos de Obiang (MAO), celebrado en Malabo. Los medios oficiales del dictador —no existe la prensa libre en Guinea Ecuatorial— destacan la presencia de Moratinos en el particular evento. Durante su mandato al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores el Gobierno español estrechó lazos con Obiang, el dictador que cada año ocupa un puesto en la lista de la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del planeta.

“Para sentarte en París con él había que pagar de 40.000 a 100.000 euros”

Según las estadísticas de Exteriores hay alrededor de 1.500 españoles residiendo en la antigua colonia española. Algunos afirman que en sus negocios les va bien, pero también piden que no se revele su nombre. Una empresaria catalana con intereses en Malabo lo explica así: “Tienes que conocer el país y actuar como ellos esperan que actúes. Nosotros lo hacemos y funciona”. ¿Qué significa actuar como ellos esperan que actúes? La empresaria no responde y corta la conversación.

Germán Pedro Tomo, uno de los testigos principales contra Teodorín Obiang, ya no pasea solo por Madrid. Desde que declaró en la sede de la Fiscalía Anticorrupción ante el juez Gruman vive escoltado por dos policías españoles que no le quitan ojo. Lo reclamó la Justicia francesa al Ministerio del Interior español. En 2005 dos sicarios colombianos apuñalaron a su hermano cuando salía de su casa de Alcorcón. Se confundieron de víctima. Los matones habían sido contratados por dos españoles residentes en Guinea Ecuatorial que fueron detenidos en España, juzgados y condenados a 11 años de cárcel. Tomo afirma que pretendían hacer un favor al régimen del dictador. “Fue la respuesta a mi primera declaración a las ONG Global Witness y Human Right Watch en el caso del banco Riggs en el que los Obiang escondían sus cuentas del petróleo. Pretendían eliminarme”. Contar cómo son los negocios de la familia Obiang puede costar la vida.

lunes, 18 de junio de 2012

¿De quién es este ‘paraíso’?

La policía investiga si los Obiang son dueños de un complejo en Lanzarote
José Maria Irujo-18.06.2012

¿Quién es el dueño de Sands Beach Resort, un precioso complejo hotelero y residencial en Costa Teguise (Lanzarote), un matrimonio ruso o a la familia Obiang que gobierna Guinea Ecuatorial? Esa es la pregunta que se hacen los policías que investigan desde hace años las empresas y cuentas en España del presidente ecuatoguineano, de sus familiares y ministros y que se han topado con una maraña de sociedades manejadas por dos presuntos testaferros entre las que brilla este luminoso paraíso con hotel, playa privada, piscinas con cascadas y apartamentos blancos como la nieve.

Los rusos Vladimir Kokorev, de 57 años, y Julia Kokoreva, de 59, manejan las sociedades que adquirieron numerosos apartamentos de Sands Beach Resort y se hicieron con la gestión de todo el complejo hotelero poco después de haber recibido cinco millones de dólares desde cuentas del Gobierno de Teodoro Obiang. El matrimonio colocó a uno de sus hijos al frente de la empresa.

Un informe de la policía enviado al juzgado de instrucción número 5 de Las Palmas, que investiga a los rusos por presunto blanqueo del clan Obiang, ha puesto la lupa sobre el complejo turístico y recoge las dudas sobre sus propietarios: “El hecho de que una cantidad similar [a la abonada por los apartamentos] haya sido recibida [por los Kokorev] del Gobierno de Guinea Ecuatorial siembra dudas sobre la verdadera titularidad de esta inversión”, afirma el documento reservado.

Sands Beach Resort es un remanso de paz en Lanzarote en el que descansan cada año miles de turistas, pero para otros que hace años disfrutaron de sus apartamentos en régimen de multipropiedad (time sharing) se ha convertido en un quebradero de cabeza. Un juzgado de la isla ha admitido una demanda de 600 antiguos propietarios, en su mayoría franceses y británicos, que compraron semanas de estancia a David Stirling, el anterior propietario, cuando el complejo se denominaba Lanzarote Beach Club.

Lo compró un ruso presunto testaferro del presidente de Guinea Ecuatorial
Reclaman siete millones de euros y aseguran que desde la venta en 2006 a los rusos se cambió el nombre por Sands Beach Resort y comenzaron a vender las 365 villas sin su consentimiento. La demanda asegura que Stirling, el antiguo dueño, vendió el complejo a los Kokorev por 18,5 millones de euros y aporta un supuesto contrato de compra, entre el vendedor con domicilio en Bahamas, y la sociedad panameña Trout Investment Corp, de la que los Kokorev eran apoderados. El contrato, en español e inglés, lleva la firma de Vladimir Kokorev.

Las pesquisas policiales ponen en duda que este matrimonio vinculado a familiares y ministros de los Obiang sean los auténticos dueños de esta sociedad. Los rusos manejan 26,4 millones de dólares que recibieron en una cuenta del BSCH en Las Palmas desde la Tesorería General de Guinea Ecuatorial. Desde sus cuentas en bancos españoles y manejando varias sociedades panameñas hicieron numerosos pagos a familiares y ministros de Obiang que están siendo investigados por el fiscal anticorrupción Luis del Rio y la juez Ana Isabel Vega.

La consultora norteamericana Ernst and Young representada por su ex socio en Las Palmas J. A. y varios de sus colaboradores intervino durante años en una compleja cadena de compras y ventas del complejo turístico británico a distintas sociedades en diversos paraísos fiscales hasta caer en manos de los rusos y su sociedad Sands Beach Resort S.L.

Recientes informes policiales y la demanda de los turistas coinciden en que este abogado participó también en la venta a los Kokorev. J. A. tuvo que abandonar Ernst and Young cuando la compañía descubrió que sus clientes eran investigados por el Banco de España y sus cuentas bloqueadas en la Caja Rural de Canarias. Su hermana M. A. es apoderada de Blue Profile una de las sociedades de los rusos, propietaria de la casa en la que reside el matrimonio. Una portavoz de la consultora ha declinado explicar su papel en esta venta y la relación que mantuvo con el matrimonio ruso. “No hacemos comentarios sobre ningún cliente. Es la norma de la compañía”, responde.

La demanda presentada por los turistas contra David Stirling, antiguo dueño del complejo hotelero, afirma que este “vendió dos veces el complejo, una a mis mandantes y otra a los actuales poseedores del mismo (los rusos) sin ningún tipo de escrúpulo, apoyándose en unas cláusulas contractuales totalmente abusivas y contrarias a derecho”. El letrado Mario Izquierdo, representante de los demandantes, asegura en su escrito que los Kokorev conocían los derechos de los turistas, aunque en su demanda no reclama que sean condenados.

El abogado de Sands Beach Resort asegura que la compra de los Kokorev es posterior a la venta de los decrechos que reclaman los 600 turistas. Una querella presentada por los afectados fue archivada en 2009 por la Audiencia Nacional. Ahora la demanda civil ha logrado el embargo preventivo de una casa de Stirling, el primer dueño, en Londres valorada en tres millones de libras, según fuentes judiciales.