jueves, 14 de abril de 2011

Juan Tomás Ávila Laurel: GUINEA ECUATORIAL: TODAS LAS VOCES, TODAS LAS MANOS.

GUINEA ECUATORIAL: TODAS LAS VOCES, TODAS LAS MANOS
Barcelona, 13 de abril de 2011

Los vientos de libertad iniciados en el norte de África podrían pasar de largo y no tocar Guinea, pues a menudo los grandes bahías son accidentes geográficos resguardados de los vientos. La longevidad de la dictadura guineana es el hecho que reclama la visita del viento libertador, puesto en camino con la dolorosa inmolación del tunecino Mohamed Bouazizi. Pese a la también dolorosa realidad de las personas que cayeron bajo las botas de los sicarios que reprimían las ansias de libertad en Túnez, Egipto, Argelia, Siria y Yemen, y a los miles de personas abatidas en la irracional lucha política en Costa de Marfil, en Guinea no queremos más pérdidas de vidas humanas. Ya dimos nuestra ofrenda de sangre durante los 11 infernales años de Macías y durante la dictadura de Obiang. De hecho, hace pocos meses cuatro ciudadanos fueron fusilados con la más ignominiosa nocturnidad. De algunas de las muertes pretéritas dio macabra cuenta el libelo al revés titulado El baile de los malditos. Es un libelo al revés porque señala al mismo autor que lo engendró. En un país de proporciones exiguas, el recurso a la violencia para alcanzar la libertad deja heridas perpetuamente abiertas en la comunidad, hecho que dificulta la convivencia entre los ciudadanos.

La necesidad de que el proceso guineano transcurra sin episodios luctuosos descansa igualmente en varios hechos, uno de los cuales es la reclamación posterior de los políticos de los espacios de gestión de los asuntos de la comunidad. Sí, a menudo no dan la cara, mandan al pueblo a luchar a brazo partido contra los agentes de los secuestradores de la libertad, y cuando las aguas se hacen calmas, proclaman su más preclaras dotes políticas para gestionar esa libertad. En Guinea, esto no debe ocurrir. Ahora más que nunca, todos tienen que dar la cara para luchar por un cambio en el país. Todos, sin ninguna excepción. Y en el caso de los residentes en el extranjero, es hora de que muchas personas antaño locuaces hagan oír ahora su voz. Además, no vale aquello de “ya hicimos cuando pudimos en el pasado”. Y es que no se ha logrado nada todavía.Muchos profesores de universidad, muchos licenciados en leyes, maestros en medicina y personas del mundo de la literatura tienen que hacerse oír. Ya no son tiempos de permanecer ocultos. Ya sea que ya pertenezcan a partidos políticos o que nunca practicaron la militancia política, ahora, y más que nunca, Guinea Ecuatorial necesita su voz, sus brazos. Quizá si no damos nombres nadie se dará por aludido, pero ahora ponemos nombres a nuestro llamamiento: Bolekia, Bikó, Ndongo Biyogo, Evita Ika, Okenve, Riochí, Nguema, Moto Nsa, Nse, Alicante, Mikó, Esono Ondo, Oná Boriesá, Nvo, Marcelo Ndong, Davis, Zamora, Sipi, Nvumba, Oko, Nkogo y una lista más larga que esta. Sí podemos tener otra oportunidad, aparte de esta, pero esta es la mejor. Más que nunca, necesitamos de vuestro activar para alcanzar la normalidad política en Guinea y poner los cimientos para un mínimo de dignidad.

En la penumbra de la obscuridad cobarde están agazapadas muchas personas que ya sea por el disfrute de las mieles amargas de la dictadura, ya sea por haber sabido aprovechar el parapeto de la impunidad, no creen todavía en la necesidad de una acción para sacudirse la vergüenza que nos rodea, y pese a su formación académica. No daremos los nombres de estos; ya se encargará el destino de destapar la podredumbre de su vivir. Igualmente sabemos de unos partidos políticos que, al margen de su no reconocimiento por la dictadura patria, esperan el postrer momento para irrumpir en la escena política y quizá reclamar su condición de salvadores del pueblo oprimido. Es urgente que se sumen a la acción,
pues una reclamación tardía podría traer complicaciones. Pero es urgente una acción común. Y una acción común no significa necesariamente un planteamiento único, al menos en lo que se refiere al particular sentir de cada ciudadano en lo que se refiere a su geografía local. Todos, hombres y mujeres, tenemos que aportar nuestros esfuerzos para una solución pacífica de nuestro problema. Muchos creen que si no es ahora, puede que sea nunca.

Juan Tomás Ávila Laurel